Trabajadores autogestionados abrieron el debate

Cooperativas de consumo y de trabajo, mutuales, docentes y académicos se reunieron el 18 de marzo para poner en común expectativas, dificultades y necesidades de la autogestión. Se habló de la necesidad de un espacio territorial en la ciudad autónoma de buenos aires y se repasaron algunos puntos de interés sobre el proyecto de ley de la economía solidaria.

La reunión se organizó de manera horizontal entre espacios diferentes pero vinculados a la autogestión. Se logró llevar a cabo en la sede de la cooperativa La Cacerola, en las inmediaciones del Parque Centenario.
El foco inicial de las intervenciones estuvo dado en analizar las características transversales a todas las experiencias. La característica considerada como primordial fue que los compañeros y compañeras de cada experiencia estén detrás de la gestión de sus empresas. El grupo valoró la convicción de cada uno en sus proyectos. Ya que “existe un momento en que los compañeros eligen ser cooperativa, y no una SRL o trabajar en relación de dependencia”.
Primó la sinceridad a la hora de conversar sobre cada emprendimiento y organización, consensuando que la autogestión es un saber que aparece en el hacer. Donde a pesar de las dificultades, siempre es preferible sortear los obstáculos que desentenderse de las tareas de gestión. La idea cúlmine fue que “el éxito es deseable si se alcanza con las propias capacidades”.

Una de las dificultades sobre las que más se opinó fue falta de capacidad y compromiso de los compañeros y compañeras para llevar a su empresa a un nivel de productividad óptima. En segunda instancia, se conversó sobre la problemática de participar dentro de un mercado cuya lógica de producción es capitalista, en el que la solidaridad y la igualdad se ven arrasados por las prácticas competitivas. Se analizó que si bien los avances tecnológicos exigen un aprendizaje constante hay otras dificultades intrínsecas a la autogestión. La falta de compromiso de los compañeros y compañeras fue una de las autocríticas más duras que realizó el grupo. Ya que “no se soluciona con capacitación”. Compañeros de Gráfica Campichuelo aportaron que “el factor fundamental en el compromiso de los compañeros y su confianza y convicción en el proyecto emprendido”.

Compañeros de Facultad Abierta aportaron al debate la diferenciación entre empresarios y monotributistas. En el monotributo se encuentran encuadrados los trabajadores autogestionados e independientes. Esta cualidad que suena conveniente y prevalece como oferta en el mercado laboral suele encubrir a un sector desprotegido. Un grupo de trabajadores creciente que carece de espacios donde plantear las desventajas de su situación y atomizado. En relación al monotributo como método vigente de previsión social para las cooperativas, se analizó si al no tratarse de un empleo en relación de dependencia, pueden perderse los beneficios laborales mínimos, como las vacaciones pagas o cobertura médica.

Una de las principales desventajas comparativas con las empresas de capital fue la incapacidad de capitalizar las empresas para aumentar la eficiencia de los procesos y la productividad. Por otro lado se evaluó como riesgoso depender exclusivamente de la financiación o apoyo estatal, ya que un cambio de política puede impactar fuertemente en la planificación económica de la cooperativa.

En conjunto comenzó a arribarse a la idea de “apoyo colectivo”. Comenzó a bocetarse como una estrategia que pueda brindar a los emprendedores autogestivos y cooperativas asesoramiento calificado, modelos de gestión y capacitación intercooperativa. Como corolario se consensuó de manera positiva evaluar el armado de una organización federativa. Distintas características fueron poniéndose en común. Una construcción amplia, de carácter territorial, que reúna a trabajadores, trabajadoras y experiencias que contemplen la autogestión como su forma organizativa. Se pensó de manera de incluir a cooperativas y mutuales de distintos rubros, asociaciones civiles, fundaciones y microemprendimientos.

También se pudieron poner en común opiniones sobre la el proyecto de ley de la economía solidaria. Desde la cooperativa gráfica Trabajadores Suarez plantearon que no existe un marco que permita encuadrar a una cooperativa respetando las normas legales y fiscales. Señalaron como preocupación que las limitaciones impuestas por el monotributo social impiden declarar la totalidad del retiro de los compañeros, ya que en caso de cambiar de categoría se pierde la categoría de empresa efectora, que es lo que le permite trabajar/contratar de forma directa con el Estado, sin necesidad de participar de una licitación. El principal problema de ello es, por un lado, que el Estado es uno de los clientes más importantes de las empresas autogestionadas; y por el otro, que al momento de participar de licitaciones con otras empresas (no autogestionadas) se está en desventaja. Todos coinciden que esta es una gran dificultad que todos atraviesan, pero es uno de los puntos que el proyecto de ley no contempla, ya que en definitiva se trata de una reforma o beneficio impositivo.

El segundo punto más polemizado fue alrededor de la posibilidad de incorporar socios capitalistas, que podrán participar de las decisiones de la Cooperativa. Hubo común acuerdo en que se trataría de una pérdida de autonomía. Si bien se contempló que podría ser una alternativa a las dificultades de financiamiento para proyectos, se entiende que va contra el principio de autogestión y autonomía de las cooperativas.

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